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LUNES 1 DE DICIEMBRE DE 2014

Las aguas suben turbias

Humedad, daños materiales y enfermedades conviven con los vecinos de Témperley, por culpa del agua que brota de las napas e inunda las casas. Ellos culpan a Aguas Argentinas por haber tapado las bombas extractoras que mantenían el agua subterránea en un nivel bajo. ¿Cómo debe hacerse el reclamo?

El avance lento pero implacable de las aguas subterráneas, amenaza con convertir a varias localidades del conurbano bonaerense en la legendaria Atlántida. Témperley es uno de esos distritos que pierden a diario la batalla en la que están sumergidos desde que se privatizó el servicio de agua potable, en 1993. No alcanzan los baldes ni las bombas extractoras para combatir la corriente silenciosa que se filtra por los resquicios de las casas. No alcanzan las voces de protesta para lograr modificar la situación. Ni la empresa concesionaria, ni la municipalidad, ni el gobierno local hacen nada por detener la marcha del agua y los vecinos sienten que flotan sobre un océano plagado de riesgos. Manchas de humedad, caída de revoques, rajaduras y deterioro de los cimientos, son algunos de los males que sufren las castigadas viviendas. Alergias, artrosis y reuma, riesgo de hepatitis y de otras enfermedades son los males que aquejan a sus desamparados habitantes. En la casa de Carola Ilauro, en Obligado 93, a dos cuadras de la estación Témperley, se reúnen unos 20 vecinos para contar sus pesares. Todos tienen un problema distinto, pero el denominador común es el agua. Quien lleva la voz cantante es Osvaldo Bassano, abogado y presidente de la Asociación defensora de usuarios y consumidores de Témperley. “En 2000 comenzamos a estudiar el tema y a hacer reclamos en forma conjunta a los responsables de que hoy nuestras casas estén inundadas. Como verá, hasta ahora, no pasó nada”, aclara. El problema tiene los mismos años que la privatización del sistema de provisión de agua potable y cloacas por Aguas Argentinas, en mayo de 1993, cuando recibió en concesión el servicio para el área de la Ciudad de Buenos Aires y 17 distritos del conurbano bonaerense. En los tiempos en que la red estaba en manos de Obras Sanitarias de la Nación, había unas potentes bombas extractoras que mantenían el agua de las napas en un nivel bajo. Con la llegada de Aguas Argentinas, “esas bombas fueron tapadas, y la empresa comenzó a traer el agua desde Bernal, en forma horizontal al piso, porque es mucho más barato que tener bombas succionando agua de las napas”, explicó Osvaldo.
La saturación de los ríos subterráneos se va gestando en forma invisible a los ojos de los vecinos. Recién se advierte cuando el agua entra insolente desde la profundidad de las casas. La lluvia llena los ríos subterráneos que circulan por encima del Puelche (un acuífero de agua potable) y se escurre hacia abajo. Cuando el Puelche llega al límite de su caudal, el agua busca lugar, sube y arrasa con todo. Si lo sabrá Antonina que arrasa con todo. Esta ucraniana de ojos claros, esposa de don Basilio y dueños de la pizzería “Las Maestras”, en la calle 14 de Julio al 20, perdió todo lo que guardaban en el sótano la primera vez que el agua trepó a un metro y medio. “Ahí teníamos la máquina de café, sillas, mesas, cortadoras de fiambre, heladeras; cuando bajamos a ver no se había salvado nada”, dice la mujer. Tras esa inundación, Basilio intentó sellar el sótano, pero lo único que consiguió fue perder plata. “Le hice al piso una carpeta de concreto, una membrana, y encima otra carpeta más de 8 centímetros para que apriete bien. Estuve tres meses trabajando y el piso nuevo me duró una semana. Los 12.000 pesos que gasté fueron a parar a la basura”, recuerda el sufrido pizzero. Parecida es la situación del dueño de la fábrica de pastas “Pastichotti”, en Cangallo 57, a metros de la estación. Jean Paolo Francisco abre la tapa de su sótano y ofrece asomarse, con la recomendación de que “por favor no baje, porque la escalera está toda podrida”. Una luz amarilla alumbra parte de un depósito de 4 por 2, cubierto de agua estancada. “Antes ahí guardaba los quesos, ahora sólo hay mugre u agua”, se lamenta el comerciante. La vecina Ana se asoma a la puerta de la casa de Carola, donde los vecinos se reunieron para reclamar mejoras, y pregunta “¿qué pasa, que hay tanta gente?” desde el otro lado de la reja. Entonces aporta su experiencia personal sin soltar los barrotes: “En mi edificio, el foso del ascensor está siempre lleno de agua y se crían infinidad de mosquitos”. Otro vecino agrega que lo mismo pasa en los edificios con cocheras bajo tierra, donde las bombas tienen que chupar agua todo el tiempo para evitar que los autos floten. Cansados de esperar soluciones que no llegan, la gente de Témperley está decidida a emprender acciones contra los responsables de sus desgracias. En esta nota explicaremos cuáles son los pasos a seguir ante la falta de respuestas.
¿A quién debo reclamar por el agua que brota e inunda las casas? Como primera medida, debe intimarse por carta documento a la responsable directa, que es Aguas Argentinas, a causa de la situación que sufre gran parte del vecindario. También puede hacerse el reclamo en forma personal a Riobamba 750. Ciudad de Buenos Aires. Teléfono: 6333-2482. Horario de atención: lunes a viernes de 9 a 17 horas. Internet: www.aguasargentinas.com.ar Si la empresa no da una respuesta satisfactoria y su consecuente solución en un plazo perentorio (cosa que de hecho no hizo, a pesar de los insistentes reclamos de los usuarios), la acción siguiente es en el Ente Tripartito de Obras y Servicios Sanitarios (ETTOS), a cargo del control de la concesionaria del agua. Dirección: Callao 982, Ciudad de Buenos Aires. Teléfono: 0800-333-0200. Horario: lunes a viernes de 9 a 17 horas. E-mail: etossgri@etoss.org.ar. Este organismo de control emite una resolución, que envía a la empresa con la posibilidad de un descargo dentro de los siguientes 30 días. Si la respuesta no lo conforma, el ETTOS le fija una multa a la concesionaria y la insta a realizar las obras. Cuando la solución sigue sin aparecer, a la gente damnificada le queda como alternativa la vía judicial, para exigir una reparación económica por los daños sufridos (que puede tramitar en forma simultánea con los reclamos administrativos). El delegado de los vecinos y abogado, Osvaldo Bassano, señaló que las acciones podrían ir dirigidas a estos organismos: a) Aguas Argentinas: por tapar las bombas extractoras de agua subterránea – sin brindar otra solución al problema del ascenso del agua - y permitir la inundación en sótanos y garajes. b) ETTOS: por ser el organismo encargado de controlar y de aplicar sanciones a la empresa concesionaria. c) El gobierno provincial y el Estado nacional, a través de sus organismos hídricos: por omisión, ya que son quienes dieron en concesión la explotación del servicio del agua y, por el deber que les confieren las leyes, son los responsables de garantizar el bienestar de los usuarios.

Este artículo fue publicado con anterioridad a Diciembre de 2014 y a esta fecha podría estar desactualizado. Recomendamos que sea utilizado sólo a modo de referencia y que ante cualquier duda, consulte con un profesional.

Las aguas suben turbias

Humedad, daños materiales y enfermedades conviven con los vecinos de Témperley, por culpa del agua que brota de las napas e inunda las casas. Ellos culpan a Aguas Argentinas por haber tapado las bombas extractoras que mantenían el agua subterránea en un nivel bajo. ¿Cómo debe hacerse el reclamo?

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El avance lento pero implacable de las aguas subterráneas, amenaza con convertir a varias localidades del conurbano bonaerense en la legendaria Atlántida. Témperley es uno de esos distritos que pierden a diario la batalla en la que están sumergidos desde que se privatizó el servicio de agua potable, en 1993. No alcanzan los baldes ni las bombas extractoras para combatir la corriente silenciosa que se filtra por los resquicios de las casas. No alcanzan las voces de protesta para lograr modificar la situación. Ni la empresa concesionaria, ni la municipalidad, ni el gobierno local hacen nada por detener la marcha del agua y los vecinos sienten que flotan sobre un océano plagado de riesgos. Manchas de humedad, caída de revoques, rajaduras y deterioro de los cimientos, son algunos de los males que sufren las castigadas viviendas. Alergias, artrosis y reuma, riesgo de hepatitis y de otras enfermedades son los males que aquejan a sus desamparados habitantes. En la casa de Carola Ilauro, en Obligado 93, a dos cuadras de la estación Témperley, se reúnen unos 20 vecinos para contar sus pesares. Todos tienen un problema distinto, pero el denominador común es el agua. Quien lleva la voz cantante es Osvaldo Bassano, abogado y presidente de la Asociación defensora de usuarios y consumidores de Témperley. “En 2000 comenzamos a estudiar el tema y a hacer reclamos en forma conjunta a los responsables de que hoy nuestras casas estén inundadas. Como verá, hasta ahora, no pasó nada”, aclara. El problema tiene los mismos años que la privatización del sistema de provisión de agua potable y cloacas por Aguas Argentinas, en mayo de 1993, cuando recibió en concesión el servicio para el área de la Ciudad de Buenos Aires y 17 distritos del conurbano bonaerense. En los tiempos en que la red estaba en manos de Obras Sanitarias de la Nación, había unas potentes bombas extractoras que mantenían el agua de las napas en un nivel bajo. Con la llegada de Aguas Argentinas, “esas bombas fueron tapadas, y la empresa comenzó a traer el agua desde Bernal, en forma horizontal al piso, porque es mucho más barato que tener bombas succionando agua de las napas”, explicó Osvaldo.
La saturación de los ríos subterráneos se va gestando en forma invisible a los ojos de los vecinos. Recién se advierte cuando el agua entra insolente desde la profundidad de las casas. La lluvia llena los ríos subterráneos que circulan por encima del Puelche (un acuífero de agua potable) y se escurre hacia abajo. Cuando el Puelche llega al límite de su caudal, el agua busca lugar, sube y arrasa con todo. Si lo sabrá Antonina que arrasa con todo. Esta ucraniana de ojos claros, esposa de don Basilio y dueños de la pizzería “Las Maestras”, en la calle 14 de Julio al 20, perdió todo lo que guardaban en el sótano la primera vez que el agua trepó a un metro y medio. “Ahí teníamos la máquina de café, sillas, mesas, cortadoras de fiambre, heladeras; cuando bajamos a ver no se había salvado nada”, dice la mujer. Tras esa inundación, Basilio intentó sellar el sótano, pero lo único que consiguió fue perder plata. “Le hice al piso una carpeta de concreto, una membrana, y encima otra carpeta más de 8 centímetros para que apriete bien. Estuve tres meses trabajando y el piso nuevo me duró una semana. Los 12.000 pesos que gasté fueron a parar a la basura”, recuerda el sufrido pizzero. Parecida es la situación del dueño de la fábrica de pastas “Pastichotti”, en Cangallo 57, a metros de la estación. Jean Paolo Francisco abre la tapa de su sótano y ofrece asomarse, con la recomendación de que “por favor no baje, porque la escalera está toda podrida”. Una luz amarilla alumbra parte de un depósito de 4 por 2, cubierto de agua estancada. “Antes ahí guardaba los quesos, ahora sólo hay mugre u agua”, se lamenta el comerciante. La vecina Ana se asoma a la puerta de la casa de Carola, donde los vecinos se reunieron para reclamar mejoras, y pregunta “¿qué pasa, que hay tanta gente?” desde el otro lado de la reja. Entonces aporta su experiencia personal sin soltar los barrotes: “En mi edificio, el foso del ascensor está siempre lleno de agua y se crían infinidad de mosquitos”. Otro vecino agrega que lo mismo pasa en los edificios con cocheras bajo tierra, donde las bombas tienen que chupar agua todo el tiempo para evitar que los autos floten. Cansados de esperar soluciones que no llegan, la gente de Témperley está decidida a emprender acciones contra los responsables de sus desgracias. En esta nota explicaremos cuáles son los pasos a seguir ante la falta de respuestas.
¿A quién debo reclamar por el agua que brota e inunda las casas? Como primera medida, debe intimarse por carta documento a la responsable directa, que es Aguas Argentinas, a causa de la situación que sufre gran parte del vecindario. También puede hacerse el reclamo en forma personal a Riobamba 750. Ciudad de Buenos Aires. Teléfono: 6333-2482. Horario de atención: lunes a viernes de 9 a 17 horas. Internet: www.aguasargentinas.com.ar Si la empresa no da una respuesta satisfactoria y su consecuente solución en un plazo perentorio (cosa que de hecho no hizo, a pesar de los insistentes reclamos de los usuarios), la acción siguiente es en el Ente Tripartito de Obras y Servicios Sanitarios (ETTOS), a cargo del control de la concesionaria del agua. Dirección: Callao 982, Ciudad de Buenos Aires. Teléfono: 0800-333-0200. Horario: lunes a viernes de 9 a 17 horas. E-mail: etossgri@etoss.org.ar. Este organismo de control emite una resolución, que envía a la empresa con la posibilidad de un descargo dentro de los siguientes 30 días. Si la respuesta no lo conforma, el ETTOS le fija una multa a la concesionaria y la insta a realizar las obras. Cuando la solución sigue sin aparecer, a la gente damnificada le queda como alternativa la vía judicial, para exigir una reparación económica por los daños sufridos (que puede tramitar en forma simultánea con los reclamos administrativos). El delegado de los vecinos y abogado, Osvaldo Bassano, señaló que las acciones podrían ir dirigidas a estos organismos: a) Aguas Argentinas: por tapar las bombas extractoras de agua subterránea – sin brindar otra solución al problema del ascenso del agua - y permitir la inundación en sótanos y garajes. b) ETTOS: por ser el organismo encargado de controlar y de aplicar sanciones a la empresa concesionaria. c) El gobierno provincial y el Estado nacional, a través de sus organismos hídricos: por omisión, ya que son quienes dieron en concesión la explotación del servicio del agua y, por el deber que les confieren las leyes, son los responsables de garantizar el bienestar de los usuarios.

Este artículo fue publicado el día MARTES 2 DE DICIEMBRE DE 2014 y a esta fecha podría estar desactualizado. Recomendamos que sea utilizado sólo a modo de referencia y que ante cualquier duda, consulte con un profesional.