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LUNES 1 DE DICIEMBRE DE 2014

La salud en manos de quién

Los papás de Jonathan cayeron del lado de la desgracia de la mayoría de los argentinos: son pobres, están sin trabajo y no pueden pagar el tratamiento de su hijo diabético porque se quedaron sin obra social. Un juez de Mar del Plata dictó una medida cautelar para que el menor tuviera gratis los insumos. Pero el PRODIABA nunca se los dio. Hasta hace dos días, usaba una bomba de infusión que una empresa le dio gratis por 3 meses. Ahora no tiene bomba, ni insumos, ni dinero. Ni protección.

NOTA. Finalmente el 4 de febrero de 2003, Jonathan Jarmoluk obtuvo del Ministerio de Salud de la Provincia de Buenos Aires la bomba de infusión de insulina que precisaba para mantener a raya su diabetes lábil. El incansable esfuerzo de sus padres, que vienen reclamando desde hace varios meses una respuesta favorable de parte del Programa de Diabetes de la Provincia de Buenos Aires (PRODIABA) y la medida cautelar y las posteriores intimaciones al ente de Salud dictadas por el titular del juzgado 3 de Mar del Plata, Juan Manuel Fernández Daguerre, exigiendo el cumplimiento de la orden judicial, hicieron posible que Jonathan consiguiera el aparato por un plazo de 4 años. Cabe destacar que no fue el PROBIABA el que acató la medida y proveyó la bomba al chico, sino el Ministerio de Salud, del cual ese organismo depende. Esto que parece ser un detalle menor, tiene en su trasfondo la decisión de las autoridades provinciales de Salud de no comprometer al PRODIABA con un fallo que puede llegar a sentar un precedente del que puedan valerse algunos de los 15.000 diabéticos que atiende el programa y produzcan así una avalancha de acciones de amparo en la Justicia. Esta preocupación ministerial se explica en los $13.940 que costó la bomba. En materia de salud, los chicos no siempre van primero. Jonathan Jarmoluk es un chiquito de 7 años con dos serios problemas casi condenatorios en el estado actual de nuestro país: es diabético y es pobre. Desde que su papá perdió el trabajo de camionero hace dos años y subsiste haciendo trabajos ocasionales de jardinería, la familia se quedó sin obra social y sin la posibilidad de pagarle un tratamiento a su hijo. Su diabetes lábil, lo obliga a depender de una bomba de infusión de insulina, que tuvo gratis hasta anteayer, cuando venció el plazo de 3 meses que la empresa proveedora de bombas le fijó para darle tiempo a la Justicia y al Ministerio de Salud provincial a que le proporcionaran una. La Justicia aún no se expidió sobre el fondo de la cuestión y el Ministerio alegó que no tiene plata para comprarla. En tanto, la salud de Jonathan está hace dos días a la buena de Dios. La familia Jarmoluk vive en Playa Chapadmalal, a mitad de camino entre Miramar y Mar del Plata, ciudad ésta con uno de los índices de desocupación más altos y con pocas expectativas de revertir tan dramática situación en el corto plazo. Como el problema de salud de Jonathan tiene carácter urgente y es casi imposible pensar en un vuelco en la suerte de sus padres o que aparezca de la nada un trabajo estable para ellos, los Jarmoluk tuvieron que presentar dos recursos de amparo en la Justicia marplatense, para conseguir que el programa de diabetes de la provincia de Buenos Aires, (PRODIABA) dependiente del Ministerio de Salud provincial, se hiciera cargo del tratamiento de Jonathan. En el primero de los amparos se pedía la insulina, las tiras reactivas y las jeringas descartables, que hasta ese momento el PRODIABA le daba en una cantidad tan pequeña que no llegaba a cubrir las necesidades mínimas de 4 aplicaciones diarias para tratar su enfermedad. En la segunda demanda, se solicitaba al organismo de salud provincial la entrega de una bomba y de los descartables para el aparato, porque en los tres meses que el chico tuvo colocada a prueba la bomba, sus valores de glucemia se estabilizaron y le permitieron una mejor calidad de vida. En la angustiosa espera de la primera medida cautelar, que tramitaba pacientemente en el juzgado criminal y correccional de transición Nº1, a cargo del juez Hooft, Mónica, la mamá del menor, conoció a otro diabético que le recomendó ver a la médica pediátrica endocrinóloga Adriana Doval, que atiende en el centro de diabetes infanto juvenil del Hospital Posadas de Buenos Aires, para ver si ella era capaz de estabilizar la diabetes lábil de su hijo que otros médicos no habían logrado hacer con métodos de dosificación manual. “Hace un año Jonathan viene desde Mar del Plata a atenderse conmigo al Posadas y tres meses que le coloqué la bomba (de infusión de insulina) porque tenía unos valores malísimos que pasaban de 30 miligramos de glucosa a 500 como si nada”, explicó la médica. Luego de noventa días con la bomba, los análisis de Jonathan mostraron los resultados esperados. Atrás quedaban las 4 jeringas con las que se aplicaba insulina todos los días. Mónica se sintió feliz de ver a su hijo con los valores estables y sin el temor de tener que salir corriendo al hospital por un pico hipoglucémico. “Lo que hace la bomba, que te pasa gotitas de insulina cada tres minutos, no hay jeringa que lo haga – dice la mamá -. ¡Te imaginás lo que significa hacer eso manualmente! Pero los médicos que trataron a Jonathan antes de la doctora Doval, me decían siempre que ni soñara con la bomba, porque era imposible comprarla y el PRODIABA tampoco se la iba a dar”. Cuando la medida cautelar salió y el juez exigió la provisión de los descartables al PRODIABA, éstos ya no servían, porque no son los mismos los utilizados para la aplicación manual que los que lleva la bomba. Hubo que pedir entonces otro amparo para lograr que se le entregara una bomba nueva, ya que la que tenía colocada Jonathan había sido entregada gratis durante tres meses por la empresa importadora de estos aparatos, hasta que el chiquito pudiera conseguir otra por intermedio del PRODIABA. “Decidimos darle la bomba a Jonathan hasta el 18 de septiembre, hasta tanto la Justicia fallara a favor de una nueva, porque creemos que era imprescindible su uso para tener a raya su diabetes”, señalaron en la proveedora Danico. El nuevo amparo se presentó en el juzgado 3 de la departamental a cargo del juez Juan Manuel Fernández Daguerre quien consideró que, con el problema de la provisión de la bomba resuelto momentáneamente, debía centrar sus esfuerzos en la urgencia por obtener del organismo sanitario los materiales de descarte para el aparato. Los descartables nunca aparecieron, a pesar de la medida cautelar favorable del 18 de julio y de los reiterados incumplimientos del PRODIABA a las intimaciones judiciales del 31 de julio y del 5 de agosto. En tanto, los 400 pesos que cuesta por mes el recambio de los insumos, fueron pagados por los papás de Jonathan como pudieron, en cuotas, de a puchos, porque esos materiales no figuran en el vademécum del PRODIABA y el dinero de la caja chica no alcanzaba para cubrirlos. Un argumento algo distinto esgrimió ante el juzgado de Fernández Daguerre el PRODIABA en el informe presentado el 12 de septiembre último por el representante de la fiscalía de Estado provincial, el doctor García Sarmiento. Allí, con la firma de la directora del PRODIABA, la doctora María Irene Domenech y del doctor Leonardo Rech, ambos concluyen que el organismo “adhiere a la contraindicación de insulinoterapia intensificada en la población pediátrica”. Acompañados de doctrina, jurisprudencia y resoluciones de organismos internacionales, Domenech y Rech desaconsejan el uso de la bomba en menores y se inclinan por la aplicación de la insulina en forma manual. Pero en el párrafo siguiente, parece aparecer la verdadera razón de la negativa a proporcionarle la bomba a Jonathan. Según el texto, el PRODIABA “no reconoce la cobertura de bomba de infusión de insulina y su mantenimiento mensual por razones económico presupuestarias, ya que otorgar el sistema de aplicación de insulina y material descartable durante un año a un solo paciente, equivale a la cobertura material tradicional para 560 pacientes”. La doctora Doval se remite a las pruebas para asegurar que la bomba mejoró sustancialmente la calidad de vida de Jonathan. “La bomba puede ser perfectamente usada por chicos – asevera Doval -. En una oportunidad le coloqué una bomba a una chiquita de 4 años, que hoy tiene 7 y nunca tuvo un problema”, afirmó la diabetóloga. Los especialistas coinciden en que el uso de la bomba está indicado para cualquier edad desde el punto de vista fisiológico. En cuanto a su colocación en menores, la única condición es que el entorno del chico le ayude a poder usarla. En la casa, los que controlan los valores pueden ser los padres o hermanos, en la escuela sus maestros. Jonathan cuenta con esa protección, porque, además de ser un chico inteligente, va a la misma escuela que sus hermanos mayores. A su vez, los beneficios de la bomba son enormes. El doctor Luis Grosembacher, endocrinólogo y diabetólogo del Hospital Italiano, habla de las bondades de su utilización en adultos, que es la materia que él conoce. “La bomba mejora la calidad de vida del paciente, porque le permite independencia en horarios, mejores condiciones laborales y sociales y le evita el sistema de múltiples inyecciones”, dijo el especialista. Ante los detractores de la bomba en menores, Grosembacher mencionó también un argumento de peso: “En la declaración de Helsinki sobre ética, dice que si un médico cree que, a su juicio, el uso de una medida diagnóstica o terapéutica ayuda a salvar o mejorar la calidad de vida de una persona, está justificado su empleo”, dijo el diabetólogo. Nadie mejor en este caso que la doctora Doval y sus sobrados años de experiencia con chicos diabéticos para avalar las mejoras que mostró Jonathan en sus 3 meses con la bomba. En el juzgado, esperan ahora que llegue la carta enviada a la doctora Doval el 13 de septiembre, donde debió explicar al juez los motivos que la llevaron a recomendar la bomba en Jonathan. Defiéndase se comunicó con Doval ayer, quien adelantó que envió la carta el lunes 16, con todos los análisis hechos al chico, los cuales reflejan la notable recuperación. Con el envío de Doval y los argumentos de los demandados (el PRODIABA y el Ministerio de Salud provincial) estará en manos del juez la decisión de resolver sobre la cuestión de fondo. Lo cierto es que en el fondo de la cuestión yace el estado calamitoso en que se encuentra la salud provincial y nacional, la persistente desobediencia a la Justicia y la dramática falta de protección que padecen a diario quienes más la necesitan. En el epicentro de la desidia, se pone en juego la vida de un chico.

Este artículo fue publicado con anterioridad a Diciembre de 2014 y a esta fecha podría estar desactualizado. Recomendamos que sea utilizado sólo a modo de referencia y que ante cualquier duda, consulte con un profesional.

La salud en manos de quién

Los papás de Jonathan cayeron del lado de la desgracia de la mayoría de los argentinos: son pobres, están sin trabajo y no pueden pagar el tratamiento de su hijo diabético porque se quedaron sin obra social. Un juez de Mar del Plata dictó una medida cautelar para que el menor tuviera gratis los insumos. Pero el PRODIABA nunca se los dio. Hasta hace dos días, usaba una bomba de infusión que una empresa le dio gratis por 3 meses. Ahora no tiene bomba, ni insumos, ni dinero. Ni protección.

La salud <celeste>en manos de quién
NOTA. Finalmente el 4 de febrero de 2003, Jonathan Jarmoluk obtuvo del Ministerio de Salud de la Provincia de Buenos Aires la bomba de infusión de insulina que precisaba para mantener a raya su diabetes lábil. El incansable esfuerzo de sus padres, que vienen reclamando desde hace varios meses una respuesta favorable de parte del Programa de Diabetes de la Provincia de Buenos Aires (PRODIABA) y la medida cautelar y las posteriores intimaciones al ente de Salud dictadas por el titular del juzgado 3 de Mar del Plata, Juan Manuel Fernández Daguerre, exigiendo el cumplimiento de la orden judicial, hicieron posible que Jonathan consiguiera el aparato por un plazo de 4 años. Cabe destacar que no fue el PROBIABA el que acató la medida y proveyó la bomba al chico, sino el Ministerio de Salud, del cual ese organismo depende. Esto que parece ser un detalle menor, tiene en su trasfondo la decisión de las autoridades provinciales de Salud de no comprometer al PRODIABA con un fallo que puede llegar a sentar un precedente del que puedan valerse algunos de los 15.000 diabéticos que atiende el programa y produzcan así una avalancha de acciones de amparo en la Justicia. Esta preocupación ministerial se explica en los $13.940 que costó la bomba. En materia de salud, los chicos no siempre van primero. Jonathan Jarmoluk es un chiquito de 7 años con dos serios problemas casi condenatorios en el estado actual de nuestro país: es diabético y es pobre. Desde que su papá perdió el trabajo de camionero hace dos años y subsiste haciendo trabajos ocasionales de jardinería, la familia se quedó sin obra social y sin la posibilidad de pagarle un tratamiento a su hijo. Su diabetes lábil, lo obliga a depender de una bomba de infusión de insulina, que tuvo gratis hasta anteayer, cuando venció el plazo de 3 meses que la empresa proveedora de bombas le fijó para darle tiempo a la Justicia y al Ministerio de Salud provincial a que le proporcionaran una. La Justicia aún no se expidió sobre el fondo de la cuestión y el Ministerio alegó que no tiene plata para comprarla. En tanto, la salud de Jonathan está hace dos días a la buena de Dios. La familia Jarmoluk vive en Playa Chapadmalal, a mitad de camino entre Miramar y Mar del Plata, ciudad ésta con uno de los índices de desocupación más altos y con pocas expectativas de revertir tan dramática situación en el corto plazo. Como el problema de salud de Jonathan tiene carácter urgente y es casi imposible pensar en un vuelco en la suerte de sus padres o que aparezca de la nada un trabajo estable para ellos, los Jarmoluk tuvieron que presentar dos recursos de amparo en la Justicia marplatense, para conseguir que el programa de diabetes de la provincia de Buenos Aires, (PRODIABA) dependiente del Ministerio de Salud provincial, se hiciera cargo del tratamiento de Jonathan. En el primero de los amparos se pedía la insulina, las tiras reactivas y las jeringas descartables, que hasta ese momento el PRODIABA le daba en una cantidad tan pequeña que no llegaba a cubrir las necesidades mínimas de 4 aplicaciones diarias para tratar su enfermedad. En la segunda demanda, se solicitaba al organismo de salud provincial la entrega de una bomba y de los descartables para el aparato, porque en los tres meses que el chico tuvo colocada a prueba la bomba, sus valores de glucemia se estabilizaron y le permitieron una mejor calidad de vida. En la angustiosa espera de la primera medida cautelar, que tramitaba pacientemente en el juzgado criminal y correccional de transición Nº1, a cargo del juez Hooft, Mónica, la mamá del menor, conoció a otro diabético que le recomendó ver a la médica pediátrica endocrinóloga Adriana Doval, que atiende en el centro de diabetes infanto juvenil del Hospital Posadas de Buenos Aires, para ver si ella era capaz de estabilizar la diabetes lábil de su hijo que otros médicos no habían logrado hacer con métodos de dosificación manual. “Hace un año Jonathan viene desde Mar del Plata a atenderse conmigo al Posadas y tres meses que le coloqué la bomba (de infusión de insulina) porque tenía unos valores malísimos que pasaban de 30 miligramos de glucosa a 500 como si nada”, explicó la médica. Luego de noventa días con la bomba, los análisis de Jonathan mostraron los resultados esperados. Atrás quedaban las 4 jeringas con las que se aplicaba insulina todos los días. Mónica se sintió feliz de ver a su hijo con los valores estables y sin el temor de tener que salir corriendo al hospital por un pico hipoglucémico. “Lo que hace la bomba, que te pasa gotitas de insulina cada tres minutos, no hay jeringa que lo haga – dice la mamá -. ¡Te imaginás lo que significa hacer eso manualmente! Pero los médicos que trataron a Jonathan antes de la doctora Doval, me decían siempre que ni soñara con la bomba, porque era imposible comprarla y el PRODIABA tampoco se la iba a dar”. Cuando la medida cautelar salió y el juez exigió la provisión de los descartables al PRODIABA, éstos ya no servían, porque no son los mismos los utilizados para la aplicación manual que los que lleva la bomba. Hubo que pedir entonces otro amparo para lograr que se le entregara una bomba nueva, ya que la que tenía colocada Jonathan había sido entregada gratis durante tres meses por la empresa importadora de estos aparatos, hasta que el chiquito pudiera conseguir otra por intermedio del PRODIABA. “Decidimos darle la bomba a Jonathan hasta el 18 de septiembre, hasta tanto la Justicia fallara a favor de una nueva, porque creemos que era imprescindible su uso para tener a raya su diabetes”, señalaron en la proveedora Danico. El nuevo amparo se presentó en el juzgado 3 de la departamental a cargo del juez Juan Manuel Fernández Daguerre quien consideró que, con el problema de la provisión de la bomba resuelto momentáneamente, debía centrar sus esfuerzos en la urgencia por obtener del organismo sanitario los materiales de descarte para el aparato. Los descartables nunca aparecieron, a pesar de la medida cautelar favorable del 18 de julio y de los reiterados incumplimientos del PRODIABA a las intimaciones judiciales del 31 de julio y del 5 de agosto. En tanto, los 400 pesos que cuesta por mes el recambio de los insumos, fueron pagados por los papás de Jonathan como pudieron, en cuotas, de a puchos, porque esos materiales no figuran en el vademécum del PRODIABA y el dinero de la caja chica no alcanzaba para cubrirlos. Un argumento algo distinto esgrimió ante el juzgado de Fernández Daguerre el PRODIABA en el informe presentado el 12 de septiembre último por el representante de la fiscalía de Estado provincial, el doctor García Sarmiento. Allí, con la firma de la directora del PRODIABA, la doctora María Irene Domenech y del doctor Leonardo Rech, ambos concluyen que el organismo “adhiere a la contraindicación de insulinoterapia intensificada en la población pediátrica”. Acompañados de doctrina, jurisprudencia y resoluciones de organismos internacionales, Domenech y Rech desaconsejan el uso de la bomba en menores y se inclinan por la aplicación de la insulina en forma manual. Pero en el párrafo siguiente, parece aparecer la verdadera razón de la negativa a proporcionarle la bomba a Jonathan. Según el texto, el PRODIABA “no reconoce la cobertura de bomba de infusión de insulina y su mantenimiento mensual por razones económico presupuestarias, ya que otorgar el sistema de aplicación de insulina y material descartable durante un año a un solo paciente, equivale a la cobertura material tradicional para 560 pacientes”. La doctora Doval se remite a las pruebas para asegurar que la bomba mejoró sustancialmente la calidad de vida de Jonathan. “La bomba puede ser perfectamente usada por chicos – asevera Doval -. En una oportunidad le coloqué una bomba a una chiquita de 4 años, que hoy tiene 7 y nunca tuvo un problema”, afirmó la diabetóloga. Los especialistas coinciden en que el uso de la bomba está indicado para cualquier edad desde el punto de vista fisiológico. En cuanto a su colocación en menores, la única condición es que el entorno del chico le ayude a poder usarla. En la casa, los que controlan los valores pueden ser los padres o hermanos, en la escuela sus maestros. Jonathan cuenta con esa protección, porque, además de ser un chico inteligente, va a la misma escuela que sus hermanos mayores. A su vez, los beneficios de la bomba son enormes. El doctor Luis Grosembacher, endocrinólogo y diabetólogo del Hospital Italiano, habla de las bondades de su utilización en adultos, que es la materia que él conoce. “La bomba mejora la calidad de vida del paciente, porque le permite independencia en horarios, mejores condiciones laborales y sociales y le evita el sistema de múltiples inyecciones”, dijo el especialista. Ante los detractores de la bomba en menores, Grosembacher mencionó también un argumento de peso: “En la declaración de Helsinki sobre ética, dice que si un médico cree que, a su juicio, el uso de una medida diagnóstica o terapéutica ayuda a salvar o mejorar la calidad de vida de una persona, está justificado su empleo”, dijo el diabetólogo. Nadie mejor en este caso que la doctora Doval y sus sobrados años de experiencia con chicos diabéticos para avalar las mejoras que mostró Jonathan en sus 3 meses con la bomba. En el juzgado, esperan ahora que llegue la carta enviada a la doctora Doval el 13 de septiembre, donde debió explicar al juez los motivos que la llevaron a recomendar la bomba en Jonathan. Defiéndase se comunicó con Doval ayer, quien adelantó que envió la carta el lunes 16, con todos los análisis hechos al chico, los cuales reflejan la notable recuperación. Con el envío de Doval y los argumentos de los demandados (el PRODIABA y el Ministerio de Salud provincial) estará en manos del juez la decisión de resolver sobre la cuestión de fondo. Lo cierto es que en el fondo de la cuestión yace el estado calamitoso en que se encuentra la salud provincial y nacional, la persistente desobediencia a la Justicia y la dramática falta de protección que padecen a diario quienes más la necesitan. En el epicentro de la desidia, se pone en juego la vida de un chico.

Este artículo fue publicado el día MARTES 2 DE DICIEMBRE DE 2014 y a esta fecha podría estar desactualizado. Recomendamos que sea utilizado sólo a modo de referencia y que ante cualquier duda, consulte con un profesional.