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LUNES 1 DE DICIEMBRE DE 2014

Inseguridad en el tren

Un fallo de la Cámara Civil porteña dio la razón a la empresa ferroviaria, demandada por un pasajero que recibió el impacto de una piedra que entró por la ventanilla. Para el tribunal, se trató de un incidente que la transportista no pudo prever. ¿Quién nos garantiza un viaje seguro?

Claudio Omar Bustamante viajaba sentado del lado de la ventanilla en un vagón de la empresa Trenes de Buenos Aires S.A. (TBA). Era mayo de 2000 y sin embargo el calor de ese día obligaba a viajar con las ventanillas abiertas. Durante el trayecto una piedra ingresó desde afuera e impactó en el rostro de Bustamante, dejándolo inconsciente. El hombre inició una demanda por daños y perjuicios contra la empresa ferroviaria por no haber garantizado la seguridad en el transporte. En la primera instancia el juez falló en favor del pasajero, responsabilizando a TBA por la lesión sufrida. Sin embargo, ni la víctima ni la demandada quedaron conformes con el dictamen y apelaron la medida; la primera, por considerar insuficiente el monto de la indemnización y la segunda, por entender su falta de responsabilidad en el hecho. La causa fue analizada por los camaristas de la Sala F, integrada por Highton De Nolasco, Zannoni y Posse Saguier, quienes dieron cuenta de la dificultad que se les planteaba, al tener que resolver una cuestión sobre la cual la jurisprudencia y la doctrina se habían expresado en múltiples sentidos. Los magistrados expresaron que el hecho por el cual Bustamante recibió un piedrazo representa un caso fortuito que, aunque previsible, no pudo evitarse. Argumentaron que la única manera de impedir las agresiones desde el exterior, es con la construcción de una muralla a lo largo del trayecto del ferrocarril, algo que la realidad convierte en imposible. En este sentido señalaron que el alambrado perimetral colocado a los costados de las vías no fue puesto para evitar las piedras u otros objetos contra las formaciones. Afirmaron que no podría responsabilizarse al transportista por consecuencias desgraciadas que éste no está en condiciones de garantizar, en tanto que no puede recaer ?sobre la empresa explotadora del ferrocarril, lo que no evita el Estado ni la policía que están a cargo del orden público?. En materia de lesiones en transportes públicos de pasajeros abundan las controversias. Hay varios fallos que defienden el derecho del pasajero frente a la falta de personal de seguridad en trenes y estaciones y la ausencia de medidas tendientes a garantizar un viaje sin riesgos. Un dictamen de la Sala I de la Cámara Civil y Comercial Federal del 16 de julio de 1998, citado por el tribunal que rechazó la apelación de Bustamante, cuestiona a Ferrocarriles Argentinos por no ?haber puesto, por ejemplo, un guarda en los vagones, que advirtiera del peligro a los pasajeros cuando el tren cruza las zonas consideradas peligrosas, y ordenar bajar los ventiletes metálicos?, a modo de prevención. Medida que resulta a las claras viable y menos disparatada que pensar la seguridad sólo en términos de murallas contenedoras de delitos.
Incorpora también otro fallo resuelto en base a un caso similar, esta vez por la Sala K, del 30 de abril de 1993, en el que sostiene que poco importa de dónde provino la piedra, ?pues el pasajero sufrió el daño durante el curso del viaje y por ello sólo queda comprometida la responsabilidad del transportista, sin necesidad de acreditar la culpa de éste, pues es sabido que la culpa contractual se presume?. Luego de analizar el dictamen de la alzada que benefició a TBA, la abogada civilista Patricia Roldos, hizo algunas precisiones. Señaló que, de acuerdo con lo manifestado por el juez de primera instancia, ?no quedó probado que el hecho provino de un tercero ajeno a la empresa demandada?. Para la abogada este no es un dato menor, puesto que ?al no haberse identificado al tercero responsable, tampoco puede afirmarse que no se trató de una persona vinculada a la empresa demandada?, con lo cual cabría una responsabilidad directa por parte de ésta. Afirmó además que una piedra arrojada desde el exterior no puede ser considerado un hecho imprevisible (caso fortuito) o irresistible (fuerza mayor), dada la cantidad de ataques similares ocasionados a los pasajeros que constan en los libros de las empresas ferroviarias. Roldos hizo hincapié en una de las obligaciones primordiales de la firma transportista, que es ?conducir al pasajero sano y salvo a destino?. Una vez que pagó su boleto y respetó las indicaciones de la empresa, ?no se le puede exigir que asuma ninguna otra conducta tendiente a prever los riesgos que sólo la transportista tiene obligación de dar?. Este concepto se encadena con el principio jurídico que prioriza, ante una relación singular y concreta, la protección de la parte más débil; en este caso, el pasajero. La especialista destacó que si bien vale considerar el reclamo de la empresa cuando advierte acerca de su imposibilidad de evitar ataques imprevistos, esto ?no implica aceptar que el transporte se efectúe de cualquier modo o en condiciones, a veces, de indignidad para el usuario?. Prueba de ello es el deterioro sufrido por algunas líneas de ferrocarriles que obligó al juez en lo contencioso administrativo federal Nº 3 de Lomas de Zamora, Angel Di Mateo, a intimar a la empresa Metropolitano a mejorar la calidad del servicio de trenes de sus ramales, al que calificó de ?inhumano?. ?Si la Justicia no suplía la negligencia de la empresa, es el día de hoy que la misma seguiría emulando al tren fantasma en su servicio?, aseguró Roldos. Una última apreciación de la especialista acerca del fallo analizado. En un párrafo de la Dra. Highton de Nolasco, se citan dos fallos de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, dictados en dos períodos clave en la historia reciente de nuestros ferrocarriles. En el primero, dictado en 1990, se responsabilizó a la empresa ferroviaria por el daño sufrido por un pasajero, mientras que en el segundo, del año 1999, el criterio adoptado fue el contrario. ?Entre uno y otro fallo transcurrieron 9 años: un cambio de composición de la Corte Suprema y la privatización de los ferrocarriles. Sin embargo, las normas jurídicas aplicables son las mismas. No son datos menores a la hora de comparar los dos criterios? razonó la abogada.

Este artículo fue publicado con anterioridad a Diciembre de 2014 y a esta fecha podría estar desactualizado. Recomendamos que sea utilizado sólo a modo de referencia y que ante cualquier duda, consulte con un profesional.

Inseguridad en el tren

Un fallo de la Cámara Civil porteña dio la razón a la empresa ferroviaria, demandada por un pasajero que recibió el impacto de una piedra que entró por la ventanilla. Para el tribunal, se trató de un incidente que la transportista no pudo prever. ¿Quién nos garantiza un viaje seguro?

<celeste>Inseguridad <azul>en el tren
Claudio Omar Bustamante viajaba sentado del lado de la ventanilla en un vagón de la empresa Trenes de Buenos Aires S.A. (TBA). Era mayo de 2000 y sin embargo el calor de ese día obligaba a viajar con las ventanillas abiertas. Durante el trayecto una piedra ingresó desde afuera e impactó en el rostro de Bustamante, dejándolo inconsciente. El hombre inició una demanda por daños y perjuicios contra la empresa ferroviaria por no haber garantizado la seguridad en el transporte. En la primera instancia el juez falló en favor del pasajero, responsabilizando a TBA por la lesión sufrida. Sin embargo, ni la víctima ni la demandada quedaron conformes con el dictamen y apelaron la medida; la primera, por considerar insuficiente el monto de la indemnización y la segunda, por entender su falta de responsabilidad en el hecho. La causa fue analizada por los camaristas de la Sala F, integrada por Highton De Nolasco, Zannoni y Posse Saguier, quienes dieron cuenta de la dificultad que se les planteaba, al tener que resolver una cuestión sobre la cual la jurisprudencia y la doctrina se habían expresado en múltiples sentidos. Los magistrados expresaron que el hecho por el cual Bustamante recibió un piedrazo representa un caso fortuito que, aunque previsible, no pudo evitarse. Argumentaron que la única manera de impedir las agresiones desde el exterior, es con la construcción de una muralla a lo largo del trayecto del ferrocarril, algo que la realidad convierte en imposible. En este sentido señalaron que el alambrado perimetral colocado a los costados de las vías no fue puesto para evitar las piedras u otros objetos contra las formaciones. Afirmaron que no podría responsabilizarse al transportista por consecuencias desgraciadas que éste no está en condiciones de garantizar, en tanto que no puede recaer ?sobre la empresa explotadora del ferrocarril, lo que no evita el Estado ni la policía que están a cargo del orden público?. En materia de lesiones en transportes públicos de pasajeros abundan las controversias. Hay varios fallos que defienden el derecho del pasajero frente a la falta de personal de seguridad en trenes y estaciones y la ausencia de medidas tendientes a garantizar un viaje sin riesgos. Un dictamen de la Sala I de la Cámara Civil y Comercial Federal del 16 de julio de 1998, citado por el tribunal que rechazó la apelación de Bustamante, cuestiona a Ferrocarriles Argentinos por no ?haber puesto, por ejemplo, un guarda en los vagones, que advirtiera del peligro a los pasajeros cuando el tren cruza las zonas consideradas peligrosas, y ordenar bajar los ventiletes metálicos?, a modo de prevención. Medida que resulta a las claras viable y menos disparatada que pensar la seguridad sólo en términos de murallas contenedoras de delitos.
Incorpora también otro fallo resuelto en base a un caso similar, esta vez por la Sala K, del 30 de abril de 1993, en el que sostiene que poco importa de dónde provino la piedra, ?pues el pasajero sufrió el daño durante el curso del viaje y por ello sólo queda comprometida la responsabilidad del transportista, sin necesidad de acreditar la culpa de éste, pues es sabido que la culpa contractual se presume?. Luego de analizar el dictamen de la alzada que benefició a TBA, la abogada civilista Patricia Roldos, hizo algunas precisiones. Señaló que, de acuerdo con lo manifestado por el juez de primera instancia, ?no quedó probado que el hecho provino de un tercero ajeno a la empresa demandada?. Para la abogada este no es un dato menor, puesto que ?al no haberse identificado al tercero responsable, tampoco puede afirmarse que no se trató de una persona vinculada a la empresa demandada?, con lo cual cabría una responsabilidad directa por parte de ésta. Afirmó además que una piedra arrojada desde el exterior no puede ser considerado un hecho imprevisible (caso fortuito) o irresistible (fuerza mayor), dada la cantidad de ataques similares ocasionados a los pasajeros que constan en los libros de las empresas ferroviarias. Roldos hizo hincapié en una de las obligaciones primordiales de la firma transportista, que es ?conducir al pasajero sano y salvo a destino?. Una vez que pagó su boleto y respetó las indicaciones de la empresa, ?no se le puede exigir que asuma ninguna otra conducta tendiente a prever los riesgos que sólo la transportista tiene obligación de dar?. Este concepto se encadena con el principio jurídico que prioriza, ante una relación singular y concreta, la protección de la parte más débil; en este caso, el pasajero. La especialista destacó que si bien vale considerar el reclamo de la empresa cuando advierte acerca de su imposibilidad de evitar ataques imprevistos, esto ?no implica aceptar que el transporte se efectúe de cualquier modo o en condiciones, a veces, de indignidad para el usuario?. Prueba de ello es el deterioro sufrido por algunas líneas de ferrocarriles que obligó al juez en lo contencioso administrativo federal Nº 3 de Lomas de Zamora, Angel Di Mateo, a intimar a la empresa Metropolitano a mejorar la calidad del servicio de trenes de sus ramales, al que calificó de ?inhumano?. ?Si la Justicia no suplía la negligencia de la empresa, es el día de hoy que la misma seguiría emulando al tren fantasma en su servicio?, aseguró Roldos. Una última apreciación de la especialista acerca del fallo analizado. En un párrafo de la Dra. Highton de Nolasco, se citan dos fallos de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, dictados en dos períodos clave en la historia reciente de nuestros ferrocarriles. En el primero, dictado en 1990, se responsabilizó a la empresa ferroviaria por el daño sufrido por un pasajero, mientras que en el segundo, del año 1999, el criterio adoptado fue el contrario. ?Entre uno y otro fallo transcurrieron 9 años: un cambio de composición de la Corte Suprema y la privatización de los ferrocarriles. Sin embargo, las normas jurídicas aplicables son las mismas. No son datos menores a la hora de comparar los dos criterios? razonó la abogada.

Este artículo fue publicado el día MARTES 2 DE DICIEMBRE DE 2014 y a esta fecha podría estar desactualizado. Recomendamos que sea utilizado sólo a modo de referencia y que ante cualquier duda, consulte con un profesional.