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LUNES 1 DE DICIEMBRE DE 2014
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Donde hasta respirar cuesta caro

Son dos barrios en Quilmes, separados por unas 25 cuadras, pero con un denominador común: la contaminación del ambiente por los desechos tóxicos que vierten las fábricas. Vecinos con problemas respiratorios, plomo en sangre, cáncer. Y un olor pestilente que vuelve el aire irrespirable.

En el barrio José Hernández, de Quilmes Oeste, cuesta mucho respirar. A pocos minutos de infiltrarse por sus calles de asfalto y de tierra, la nariz se irrita, la garganta se cierra y un olor de los infiernos se cuela hasta los huesos. “Es por el ácido sulfídrico que usan en la papelera”, descarga un vecino, que habla sin taparse la boca con un pañuelo o con la mano, como haría cualquier persona que pisa por primera vez el barrio. La calle 822 tiene, de un lado, una hilera de casas austeras de material con techos de chapa, y del otro, un largo paredón sembrado de eucaliptos que no bastan para disimular el olor nauseabundo que trae el viento. Detrás, la inmensa fábrica de papel Massuh, con entrada por Camino General Belgrano, entre Triunvirato y 822. Al costado de esta calle serpentea una zanja de agua sucia color borravino (por el tanino que vuelca la papelera junto con otros desechos), que desemboca en el contaminado arroyo Las Piedras. Orlando Muñoz vive sobre la 822. Aseguró que hay días en que el tufo es más fuerte, y hasta a ellos se les hace imposible soportarlo. Pero no sólo de malos olores padecen en el barrio; la corrosión que sobrevuela, invisible, por José Hernández, se manifiesta en las personas y en las cosas con una ferocidad devastadora.
Luis Sánchez, su cuñado, quiso dar pruebas de la oxidación que envuelve al barrio. Entró a su casa, al 1.200 de la misma calle, y trajo a la puerta un puñado de monedas de color ceniza y crucifijos de plata ennegrecidos por la contaminación. Otros vecinos reunidos en la puerta, colaboraron mostrando otros objetos: bombillas, llaves, cadenas y cajas de porteros eléctricos oxidados, botones y cierres de camperas oscurecidos por los químicos que, según todos acusan, provienen de la papelera. Apenas se animó un vecino a contar su problema, se le sumaron los demás. Gisela, que nació en el barrio, mostró la espalda de Matías, de 2 años, llena de ronchas. “Hace dos meses que las tiene, y le pican mucho”, dijo la joven mamá. Trata la afección de su nene en el hospital Argerich, después de haber visitado 4 pediatras, sin que Matías pudiera curarse. Una señora mayor dijo que está mal de salud “porque el médico me dijo que tengo plomo en la sangre”. A su lado, otra señora contó que su marido falleció de cáncer el 27 de febrero último, y que “en la otra cuadra, murió otro hombre, y acá, a dos casas de la mía, murió una mujer, también de cáncer”. Osvaldo Tondino, titular de una sociedad de fomento de Quilmes, explicó que desde hace más de 20 años los vecinos reclaman por la contaminación de suelo y aire. Acompañó sus dichos con varias cartas documento enviadas por años a los intendentes de turno, sin que ninguno se ocupase del problema. “Hicimos decenas de denuncias, pero no pasó nada”, expresó. Aclaró que “nadie quiere que se cierren las fábricas, nosotros defendemos las fuentes de trabajo. Lo que queremos es que nos dejen respirar”. Tondino contó que, por las noches o de madrugada, se forma una nube baja y gris que dificulta más la respiración. “Vivir en el barrio - graficó – es como vivir dentro de una cámara séptica”. Hernán Menéndez Tuja, director de Industria y Evaluación Ambiental de Quilmes, afirmó que “los problemas comenzaron cuando Massuh contruyó la planta semiquímica, para transformar la madera en pasta de papel”. Reconoció que, además del vuelco de los desechos sin un debido tratamiento, están las emisiones gaseosas - que podrían controlarse con filtros en las chimeneas - y las sonoras, por la molienda de la madera, que se transforma en pasta. El funcionario dijo que “la Autoridad del Agua tomó muestras de los cauces” para ver el grado de contaminación del agua. Respecto de su área, se comprometió a buscar soluciones para los vecinos, pero evitó dar precisiones acerca de los plazos.
Unas 25 cuadras por Camino General Belgrano, entre éste y la avenida Calchaquí, en dirección a Avellaneda, hay otro barrio con los mismos problemas que en José Hernández. Se trata de La Sarita, también en Quilmes Oeste. Ambos comparten el arroyo Las Piedras y la fetidez de sus aguas. La única diferencia está en el agente contaminante: dos frigoríficos, con sus piletones a cielo abierto. Las enfermedades se repiten en uno y otro barrio: bronco espasmos, ronchas y manchas en la piel, asma, problemas gastrointestinales, etc. “Tenemos varios casos de cáncer, y no hay vecino que no tenga a alguien en la familia con problemas respiratorios”, afirmó Amalia, vecina del barrio a cargo del censo que reunió en un mes a 120 personas afectadas por estas patologías. También son similares los paliativos que usan para luchar contra la contaminación: nebulizadores, aerosoles broncodilatadores, cremas para la piel, medicamentos para el asma y alergias. Uno de los frigoríficos que denuncian los vecinos, Penta, ya fue sancionado por la Justicia. Según Menéndez Tuja, “la empresa se acogió a la probation” (esto es, la suspensión del expediente a prueba) y entregó carne a colegios como parte de pago de la multa. Pero no solucionó las demandas que se quejan por la contaminación del ambiente. El reclamo de la gente de La Sarita tampoco es de ahora. El director de Atención Primaria de la Salud de Quilmes, doctor Pablo Garrido, dio fe de haber tratado a uno de los chiquitos del barrio con intoxicación por plomo (saturnismo) en el año 94. “En el hospital de La Plata confirmaron que el paciente tenía saturnismo, y los estudios del suelo determinaron que había plomo enterrado”, sostuvo el médico. Los vecinos aprovecharon la presencia de Garrido y de su segundo en el área, el doctor Rafael Capelo, para denunciar la falta de insumos, en especial los que reducen los problemas respiratorios, en la salita de primeros auxilios del barrio. Dijeron también que en la Unidad Sanitaria “La Primavera”, más cercana a La Sarita, no los quieren atender “porque dicen que no somos de la zona”. Tanto en José Hernández como en La Sarita, la gente se agrupó para exigir respuestas concretas a las autoridades. En esta nota presentamos los distintos pasos del reclamo que deben seguir también otros vecinos de barrios afectados por la contaminación en la provincia de Buenos Aires. ¿Dónde debo quejarme por la contaminación de mi barrio? El reclamo administrativo debe hacerse ante la Secretaría de Política Ambiental de la provincia de Buenos Aires, por ser ésta la autoridad de control, con poder de policía para aplicar las sanciones e instar a reparar los daños causados. Tel: (0221) 429-5695/5550. También pueden hacerlo en la dependencia municipal encargada de la protección ambiental. En el caso de Quilmes, el área a cargo es la Secretaría de Producción y Medio Ambiente, cuyo titular es Juan Carlos Tuzzolino. Tel: 4253-7001 interno 1180. Cuando la queja administrativa no prospera, la alternativa de la persona afectada pasa por la Justicia. Nuestra Constitución avala este derecho, pues en su artículo 41prevé garantizar a los ciudadanos “un ambiente sano, equilibrado, apto para el desarrollo humano”. La víctima de la contaminación ambiental, producida por emanaciones tóxicas o vertido de desechos sin un tratamiento adecuado, puede demandar a la empresa o fábrica que los produce en una acción por daños y perjuicios. Tampoco quedan a salvo de la demanda las autoridades estatales, provinciales y/o municipales encargadas de controlar a estas firmas. La acción contra estos organismos debe tramitar en el Fuero Contencioso Administrativo provincial, con sede en La Plata. Cuando el peligro en la demora puede causar daños irreparables a las personas, éstas están en condiciones de presentar una medida cautelar ante el juez competente, para que disponga en forma inmediata el cese del perjuicio.

Este artículo fue publicado con anterioridad a Diciembre de 2014 y a esta fecha podría estar desactualizado. Recomendamos que sea utilizado sólo a modo de referencia y que ante cualquier duda, consulte con un profesional.

Donde hasta respirar cuesta caro

Son dos barrios en Quilmes, separados por unas 25 cuadras, pero con un denominador común: la contaminación del ambiente por los desechos tóxicos que vierten las fábricas. Vecinos con problemas respiratorios, plomo en sangre, cáncer. Y un olor pestilente que vuelve el aire irrespirable.

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En el barrio José Hernández, de Quilmes Oeste, cuesta mucho respirar. A pocos minutos de infiltrarse por sus calles de asfalto y de tierra, la nariz se irrita, la garganta se cierra y un olor de los infiernos se cuela hasta los huesos. “Es por el ácido sulfídrico que usan en la papelera”, descarga un vecino, que habla sin taparse la boca con un pañuelo o con la mano, como haría cualquier persona que pisa por primera vez el barrio. La calle 822 tiene, de un lado, una hilera de casas austeras de material con techos de chapa, y del otro, un largo paredón sembrado de eucaliptos que no bastan para disimular el olor nauseabundo que trae el viento. Detrás, la inmensa fábrica de papel Massuh, con entrada por Camino General Belgrano, entre Triunvirato y 822. Al costado de esta calle serpentea una zanja de agua sucia color borravino (por el tanino que vuelca la papelera junto con otros desechos), que desemboca en el contaminado arroyo Las Piedras. Orlando Muñoz vive sobre la 822. Aseguró que hay días en que el tufo es más fuerte, y hasta a ellos se les hace imposible soportarlo. Pero no sólo de malos olores padecen en el barrio; la corrosión que sobrevuela, invisible, por José Hernández, se manifiesta en las personas y en las cosas con una ferocidad devastadora.
Luis Sánchez, su cuñado, quiso dar pruebas de la oxidación que envuelve al barrio. Entró a su casa, al 1.200 de la misma calle, y trajo a la puerta un puñado de monedas de color ceniza y crucifijos de plata ennegrecidos por la contaminación. Otros vecinos reunidos en la puerta, colaboraron mostrando otros objetos: bombillas, llaves, cadenas y cajas de porteros eléctricos oxidados, botones y cierres de camperas oscurecidos por los químicos que, según todos acusan, provienen de la papelera. Apenas se animó un vecino a contar su problema, se le sumaron los demás. Gisela, que nació en el barrio, mostró la espalda de Matías, de 2 años, llena de ronchas. “Hace dos meses que las tiene, y le pican mucho”, dijo la joven mamá. Trata la afección de su nene en el hospital Argerich, después de haber visitado 4 pediatras, sin que Matías pudiera curarse. Una señora mayor dijo que está mal de salud “porque el médico me dijo que tengo plomo en la sangre”. A su lado, otra señora contó que su marido falleció de cáncer el 27 de febrero último, y que “en la otra cuadra, murió otro hombre, y acá, a dos casas de la mía, murió una mujer, también de cáncer”. Osvaldo Tondino, titular de una sociedad de fomento de Quilmes, explicó que desde hace más de 20 años los vecinos reclaman por la contaminación de suelo y aire. Acompañó sus dichos con varias cartas documento enviadas por años a los intendentes de turno, sin que ninguno se ocupase del problema. “Hicimos decenas de denuncias, pero no pasó nada”, expresó. Aclaró que “nadie quiere que se cierren las fábricas, nosotros defendemos las fuentes de trabajo. Lo que queremos es que nos dejen respirar”. Tondino contó que, por las noches o de madrugada, se forma una nube baja y gris que dificulta más la respiración. “Vivir en el barrio - graficó – es como vivir dentro de una cámara séptica”. Hernán Menéndez Tuja, director de Industria y Evaluación Ambiental de Quilmes, afirmó que “los problemas comenzaron cuando Massuh contruyó la planta semiquímica, para transformar la madera en pasta de papel”. Reconoció que, además del vuelco de los desechos sin un debido tratamiento, están las emisiones gaseosas - que podrían controlarse con filtros en las chimeneas - y las sonoras, por la molienda de la madera, que se transforma en pasta. El funcionario dijo que “la Autoridad del Agua tomó muestras de los cauces” para ver el grado de contaminación del agua. Respecto de su área, se comprometió a buscar soluciones para los vecinos, pero evitó dar precisiones acerca de los plazos.
Unas 25 cuadras por Camino General Belgrano, entre éste y la avenida Calchaquí, en dirección a Avellaneda, hay otro barrio con los mismos problemas que en José Hernández. Se trata de La Sarita, también en Quilmes Oeste. Ambos comparten el arroyo Las Piedras y la fetidez de sus aguas. La única diferencia está en el agente contaminante: dos frigoríficos, con sus piletones a cielo abierto. Las enfermedades se repiten en uno y otro barrio: bronco espasmos, ronchas y manchas en la piel, asma, problemas gastrointestinales, etc. “Tenemos varios casos de cáncer, y no hay vecino que no tenga a alguien en la familia con problemas respiratorios”, afirmó Amalia, vecina del barrio a cargo del censo que reunió en un mes a 120 personas afectadas por estas patologías. También son similares los paliativos que usan para luchar contra la contaminación: nebulizadores, aerosoles broncodilatadores, cremas para la piel, medicamentos para el asma y alergias. Uno de los frigoríficos que denuncian los vecinos, Penta, ya fue sancionado por la Justicia. Según Menéndez Tuja, “la empresa se acogió a la probation” (esto es, la suspensión del expediente a prueba) y entregó carne a colegios como parte de pago de la multa. Pero no solucionó las demandas que se quejan por la contaminación del ambiente. El reclamo de la gente de La Sarita tampoco es de ahora. El director de Atención Primaria de la Salud de Quilmes, doctor Pablo Garrido, dio fe de haber tratado a uno de los chiquitos del barrio con intoxicación por plomo (saturnismo) en el año 94. “En el hospital de La Plata confirmaron que el paciente tenía saturnismo, y los estudios del suelo determinaron que había plomo enterrado”, sostuvo el médico. Los vecinos aprovecharon la presencia de Garrido y de su segundo en el área, el doctor Rafael Capelo, para denunciar la falta de insumos, en especial los que reducen los problemas respiratorios, en la salita de primeros auxilios del barrio. Dijeron también que en la Unidad Sanitaria “La Primavera”, más cercana a La Sarita, no los quieren atender “porque dicen que no somos de la zona”. Tanto en José Hernández como en La Sarita, la gente se agrupó para exigir respuestas concretas a las autoridades. En esta nota presentamos los distintos pasos del reclamo que deben seguir también otros vecinos de barrios afectados por la contaminación en la provincia de Buenos Aires. ¿Dónde debo quejarme por la contaminación de mi barrio? El reclamo administrativo debe hacerse ante la Secretaría de Política Ambiental de la provincia de Buenos Aires, por ser ésta la autoridad de control, con poder de policía para aplicar las sanciones e instar a reparar los daños causados. Tel: (0221) 429-5695/5550. También pueden hacerlo en la dependencia municipal encargada de la protección ambiental. En el caso de Quilmes, el área a cargo es la Secretaría de Producción y Medio Ambiente, cuyo titular es Juan Carlos Tuzzolino. Tel: 4253-7001 interno 1180. Cuando la queja administrativa no prospera, la alternativa de la persona afectada pasa por la Justicia. Nuestra Constitución avala este derecho, pues en su artículo 41prevé garantizar a los ciudadanos “un ambiente sano, equilibrado, apto para el desarrollo humano”. La víctima de la contaminación ambiental, producida por emanaciones tóxicas o vertido de desechos sin un tratamiento adecuado, puede demandar a la empresa o fábrica que los produce en una acción por daños y perjuicios. Tampoco quedan a salvo de la demanda las autoridades estatales, provinciales y/o municipales encargadas de controlar a estas firmas. La acción contra estos organismos debe tramitar en el Fuero Contencioso Administrativo provincial, con sede en La Plata. Cuando el peligro en la demora puede causar daños irreparables a las personas, éstas están en condiciones de presentar una medida cautelar ante el juez competente, para que disponga en forma inmediata el cese del perjuicio.

Este artículo fue publicado el día MARTES 2 DE DICIEMBRE DE 2014 y a esta fecha podría estar desactualizado. Recomendamos que sea utilizado sólo a modo de referencia y que ante cualquier duda, consulte con un profesional.