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Los candidatos bajo la lupa
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Cuatro especialistas de diferentes disciplinas se reunieron ayer en un seminario sobre el análisis de la campaña política de los aspirantes a Jefe de Gobierno porteño. Bajo la consigna: “Qué dicen, cuando hablan, los políticos”, se buscó alumbrar desde distintas ópticas el lado oscuro de los candidatos y sus campañas.
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¿Cuál es el problema de vender un político igual que un desodorante?, arrojó la pregunta a la audiencia el publicista Rubén Morales para dejarla flotar unos segundos en el aire y buscar la respuesta que él mismo develó: “Que si un desodorante no nos gusta perdimos 4 pesos, pero si nos equivocamos de candidato perdimos 60 mil pesos en el corralito”.
Sin dejar de lado el humor, pero tampoco la rigurosidad académica, esta y otras cuestiones fueron puestas bajo la lupa de especialistas en análisis político en el marco del seminario dictado ayer en Librería Ghandi, Corrientes 1.743 de esta ciudad, bajo la consigna “Qué dicen, cuando hablan, los candidatos”, de cara a las próximas elecciones a Jefe de Gobierno porteño y que contó con la presencia de un politólogo, un publicista, una psicóloga y un filósofo.
Puesto a definir el éxito o el fracaso de una elección - no ya desde su lugar activo de artífice de las estrategias de campañas en las que participó, sino desde la mirada objetiva del analista, el politólogo Ernesto Ríos, uno de los oradores del foro, sostuvo que “detrás de un buen candidato y de un buen resultado electoral siempre hay una idea que está empujando”.
Esta idea exitosa no sale de la cabeza de un iluminado designado como jefe de campaña, sino de un equipo de profesionales provenientes de una pluralidad de ciencias que trabajan en función de un objetivo concreto. “Objetivo - aclaró Ríos - que no pasa siempre por ganar una elección, en tanto esto depende de las aspiraciones y posibilidades reales de cada candidato”.
Ríos destacó que una campaña electoral puede tener tres distintas finalidades:
1) que el candidato se consagre ganador, ayudado por la serie de herramientas provistas por su equipo de asesores
2) que mejore la reputación del candidato, que sabe de antemano que no va a ganar
3) que mejore el posicionamiento del perdedor, en vista de futuras elecciones
Si bien estos factores se muestran previsibles y controlables, no comportan una verdad científica capaz de definir un resultado. Están sujetos a variables que, en muchos casos, los propios candidatos alteran con sus actuaciones públicas y privadas. “Una campaña siempre va a tener improntas de los candidatos, que pueden tirar por la borda todo un trabajo científico o hacer que la estrategia común planteada en un principio deba cambiarse por otra totalmente distinta como, por ejemplo, cuando aparece en escena una amante del candidato”, graficó el politólogo.
En esta gama de múltiples enfoques, la publicidad política tuvo el suyo gracias al aporte de Rubén “Guru” Morales, cuya experiencia como publicista se remonta a los años de plomo de la última dictadura, cuando esta actividad estaba prohibida. “La pegatina de afiches durante la noche es un resabio de aquella época”, afirma el profesional, también psicólogo social, que inició su carrera en 1981 con la diagramación de la Revista Línea, opositora al gobierno de facto de entonces.
Morales es un convencido de que la publicidad política no es engañosa y muestra al candidato tal cual es, y que si los electores no advierten estas pistas es “porque no aprendieron a leer los discursos desde lo obvio, desde aquello que todos tenemos al alcance de la vista”.
Como ejemplo de su teoría, invitó a los asistentes al foro a ingresar en las páginas que los candidatos tienen en internet para comprender “la ausencia de plataformas, las palabras sueltas y las propuestas vacías de contenido”. Esta falta de ideología predominante en los 28 postulantes a Jefe de Gobierno en la Ciudad - “un verdadero exabrupto”, destacó Morales - se aprecia en la fragmentación partidaria y en las candidaturas personalistas del actual escenario político. “Si un peronista le dice a otro ´compañero´ y un radical a otro ´correligionario´, ¿cómo se llamarán los simpatizantes de Fuerza Porteña (que acompaña a Aníbal Ibarra) y de Compromiso para el Cambio (de Mauricio Macri) entre ellos?”, se preguntó en voz alta Morales.
Las palabras de los políticos tampoco podían faltar en este análisis. De eso se encargó la psicóloga lacaniana Mirta Vázquez de Teitelbaum, quien destacó la importancia de la lectura de los dos niveles del discurso, el enunciado y la enunciación, para saber qué dicen los políticos cuando hablan.
“En el plano del enunciado aparece la frase que partió de la boca del político, mientras que en el de la enunciación está lo que se puede escuchar tras lo que se dice”, explicó la psicóloga. A juzgar por los actuales candidatos de nuestra desgastada política, casi con seguridad, una y otra expresarán ideas contrapuestas.
El cuarto y último enfoque lo brindó Ricardo Duró, escritor y filósofo, con una mirada crítica de las ideas de los políticos en campaña, utilizando lo que él llama “reactivos filosóficos”, esto es, elementos que nos permitan medir lo que observamos como, por ejemplo, hacia dónde se dirigen los candidatos.
Para determinarlo, Duró eligió el método de la puesta en duda, ideal para dejar traslucir los aspectos retóricos más ambiguos de los políticos. “Los candidatos de estas elecciones no muestran transformaciones conceptuales y sus planteos resultan vacíos - dijo el filósofo -. Sus proyectos intentan actualizar lo que no se puede actualizar, porque está muerto”. Hablan, según afirma, de los próceres de otras épocas y de héroes de otras batallas, para ubicarse ellos en el lugar de superhéroes y presentarse como los salvadores de todos los problemas. “En la Ciudad de Buenos Aires, el 10% más rico de la población gana 195 veces que el 10% más pobre. Pero, si con esta realidad alguien cree que un candidato puede aportar soluciones inmediatas es estúpido”, sentenció. Y si lo que pretendemos es mejorar la imagen de nuestra ciudad y nuestro bienestar general, ´lo que hay que desterrar de nuestras mentes es la idea del pensamiento estúpido´, concluyó el filósofo.
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