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¿Cómo manejamos los argentinos?
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Los conductores no respetamos las señales de tránsito. Los peatones cruzamos la calle por cualquier lado. Las muertes por estos accidentes están entre las más altas del mundo. ¿Es un problema normativo, de falta de control, o es que los argentinos gustamos de la cultura de la infracción?
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Cada 75 minutos un peatón, conductor o acompañante de vehículo muere en accidente de tránsito en la Argentina. Las últimas cifras difundidas por la asociación civil Luchemos por la vida muestran que el total de muertos en 2002 es de 6.806, una de las más altas del mundo en relación con la cantidad de habitantes y vehículos en circulación.
¿Cuál es la causa por la cual se producen tantas muertes evitables? Para el especialista en tránsito, doctor Gustavo Raúl Meilij, las raíces de los desórdenes en la seguridad y la fluidez vehicular están en la falta de responsabilidad de conductores y peatones, en la falta de control de las autoridades y en la cultura de la infracción de los argentinos.
¿Manejamos mal los argentinos?
No es un problema de si manejamos bien o mal, no se trata de eso. Es un problema de control; fíjese que en los años noventa, cuando tanta gente viajó a los Estados Unidos y alquiló automóviles para pasear, lo hizo por carreteras que estaban señalizadas en inglés, en autos con caja automática a los que no estaban acostumbrados y con leyes distintas a las nuestras. Sin embargo, no se conoce que haya habido compatriotas muertos allí por accidentes de tránsito. Eso pasa porque ahí se cuidan más, ya que son concientes de la efectividad de las penas. El señor que aquí descarga la soda todos los días en pleno centro y corta el tránsito, no lo hace porque no sepa manejar, sino porque no le interesa el caos que genera y sabe, además, que nadie lo va a multar.
¿Esto pasa porque las leyes son poco estrictas?
No, las leyes están bien, no es un problema normativo, sino de control. Está el reglamento de tránsito y los derechos y deberes que derivan de él. No obstante, los conductores y peatones violan permanentemente con igual carencia de responsabilidad aún aquellas señales que los benefician, como ser la senda peatonal, que le garantiza al peatón la seguridad del cruce por la calzada.¿Conocemos las señales de tránsito?
En la mayoría de los casos sí, pero igual las ignoramos o nos esmeramos en no llevarles el apunte. De esta manera, desvirtuamos su verdadera finalidad, que es la de favorecer un tránsito fluido y, sobre todo, evitar accidentes. En cuanto a ellas, podemos decir que se dividen en dos tipos:
a) señales indicativas: son las que nos dicen la ruta por la que vamos, el kilómetro y la localidad en que estamos y si tenemos o no vistas de paisaje o descanso para detener nuestro vehículo.
b) Señales directivas del tránsito: señalan los deberes a quienes transitan ese camino: pare o siga, no doblar a la izquierda, y toda situación que implique prohibición o precaución.
Sucede algo particular con las señales de este último grupo: por ejemplo, con el cartel de “pare”, similar al “stop” de los norteamericanos, que indica la proximidad de un cruce peligroso y, por lo tanto obliga al conductor a la detención del vehículo, como si estuviera frente un semáforo. Allá lo cumplen y acá no. El “pare” tiene el mismo valor de un semáforo en rojo, pero ¡plántese en una esquina a ver si alguien lo respeta!
Yo les diría a los vecinos que reclaman un semáforo o a los intendentes de muchos municipios del interior del país que se quejan porque les falta presupuesto para colocar uno, que gasten dos pesos en un par de maderas pintadas en las encrucijadas de mayor peligro y pongan un inspector para que le aplique al infractor la multa correspondiente, en lugar de tenerlo escondido atrás de un arbusto en una ruta desierta para hacerle la multa al conductor que viajaba a 50 km/h cuando la máxima era 40. Las autoridades dicen que faltan policías para hacer cumplir las normas
Este es un grave error, porque el policía no debe estar parado en la vereda para ver si un auto está bien o mal estacionado, ya que está entrenado para asumir responsabilidades mayores, como la de, por caso, combatir el delito.
Para el control del tránsito debe haber inspectores municipales capacitados. No hace falta que sean tipos enormes con cara de malos; basta con hacerle saber al prepotente que cuando la ley está bien aplicada, no importa que la imparta un chico de 18 años. Y que si desobedece, ahí sí va a aparecer el más fuerte para hacerla cumplir. No es un tema de presupuesto, sino de voluntad política; no hace falta mucho dinero, se le da trabajo a gente joven y se destina a las fuerzas de seguridad para cosas más importantes.
Suelen cargarse las culpas sobre los conductores, pero los peatones también generan varios accidentes por violar la ley.
Es cierto. Los peatones, muchos de ellos conductores de vehículos, cuando están a pie se creen con derecho a cualquier cosa: cruzan con semáforo en rojo, por mitad de la cuadra, corriendo y esquivando autos. Y sus imprudencias son la causa de muchos accidentes.
La falta de cultura vial se da por igual tanto en unos como en otros. Observe cualquier mañana de clases esta escena: el colectivo escolar se detiene sobre la derecha a mitad de la cuadra para levantar al chico que vive sobre la mano de enfrente porque no tiene la puerta habilitada del lado izquierdo; el papá orgulloso saluda al hijo y en vez de conducirlo hasta la senda peatonal, lo hace cruzar por cualquier lado.
En esta secuencia está la muestra de las faltas que se cometen a diario casi en forma natural: a) la municipalidad que habilita un vehículo sin puerta a la izquierda; b) el director de la escuela que contrata un móvil en esas condiciones; el colectivero que estaciona en cualquier lugar sin pensar en la seguridad de los menores y d) el papá que mal enseña a su chiquito a cruzar por fuera de la línea exclusiva para peatones.
Meilij sostiene que hasta tanto no cambie la cultura infractora e irresponsable de los ciudadanos, y las autoridades no ejerzan un estricto control para garantizar la seguridad y la fluidez en el tránsito, nuestras calles seguirán siendo una fuente inagotable de accidentes y continuaremos al tope del ranking mundial de muertes que podrían haberse evitado.
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